Hay partidos que te ganan una liga y luego está lo que vivimos anoche en San Siro. En un guion que ni el mejor director de cine habría firmado, el Inter tumbó a una Juventus heroica con un zapatazo de Zielinski en el 90′. Si alguien dudaba de quién manda en Italia, ya tiene la respuesta.
Lo del Derby d’Italia de ayer no fue fútbol, fue una montaña rusa emocional de las que te dejan sin aliento. El Inter de Chivu llegaba con el cartel de favorito, pero ya sabemos que la Juve, incluso cuando parece herida de muerte, tiene siete vidas. Y anoche las gastó casi todas.
Un caos bendito
La primera parte fue un auténtico manicomio. Andrea Cambiaso se convirtió en el protagonista inesperado de la forma más cruel: primero se marcó en propia puerta para alegría de la grada local y, solo ocho minutos después, se redimió marcando el empate. De villano a héroe en lo que tardas en pedir una cerveza.
Pero el partido se rompió de verdad antes del descanso. La expulsión de Kalulu dejó a la Juve con diez y a Spalletti con un rompecabezas imposible. Parecía que el Inter lo tendría fácil, pero nada más lejos de la realidad.
Épica, barro y gloria
Cuando Pio Esposito hizo el 2-1 en el 75’, todos dábamos el pescado por vendido. San Siro ya cantaba el alirón, pero Locatelli decidió que todavía había partido y se sacó un latigazo en el 82’ que dejó mudo al estadio. El 2-2 era un castigo demasiado duro para un Inter que lo había intentado todo, y un premio excesivo para una Juve que se defendía con las uñas.
Pero entonces apareció Piotr Zielinski.
En el minuto 90, con las piernas pesando como el plomo, el polaco cazó un balón en la frontal. No se lo pensó. Le pegó con el alma, de esas que sabes que van dentro en cuanto el balón sale de la bota. El estallido de San Siro se debió escuchar hasta en el Coliseo.

Sentencia al Scudetto
Con este 3-2, el Inter no solo suma tres puntos; le ha dado un golpe moral al campeonato que difícilmente alguien pueda remontar. Son ocho puntos de ventaja sobre el Milan, que tiene un partido menos y una sensación de invencibilidad que asusta, ya gana contra los grandes algo que le costaba.
Este Inter es un equipo que no sabe rendirse, que juega bien cuando puede y sufre cuando debe. Y mientras tenga a gente como Zielinski para apagar los incendios en el descuento, el título tiene nombre y apellidos. ¡Qué noche, señores!
