Un doblete del canterano de 20 años tumba a un Newcastle que llegó a soñar con el empate tras el gol de Lewis Hall. Donnarumma salvó los tres puntos en el último suspiro para mantener al City en la caza del Arsenal.
Hay nombres que se escriben con letras de oro en los días de máxima presión, y el de Nico O’Reilly ya es uno de ellos. En un Etihad que rugía con la urgencia de quien no puede permitirse ni un parpadeo en la lucha por la Premier, el «niño prodigio» de la cantera de Guardiola se doctoró con una actuación de 10. Dos goles suyos, cargados de instinto y personalidad, permitieron al Manchester City llevarse un partido eléctrico (2-1) que terminó con el corazón en un puño.
El City golpea, el Newcastle responde
El inicio fue el esperado. Un City mandón, liderado por un Rodri que parece no haber estado nunca lesionado, se adueñó del esférico. La primera alegría no tardó en llegar: Omar Marmoush, una pesadilla constante con sus desmarques, habilitó a O’Reilly para que este hiciera el 1-0. Parecía que el Newcastle de Eddie Howe sería una víctima propicia, pero las «Urracas» tienen colmillo.
Aprovechando que Ruben Dias no se sentía cómodo en las carreras a campo abierto con Gordon (el portugués, amonestado y aún falto de ritmo tras su lesión, sufrió lo indecible), el Newcastle empezó a asomarse. El empate llegó tras un disparo de Lewis Hall que se envenenó tras tocar en un defensor, dejando a Donnarumma vendido. 1-1 y vuelta a empezar.
O’Reilly dicta sentencia y Donnarumma pone el cerrojo

Tras el descanso, Guardiola no quiso riesgos y retiró a un Dias sufriente para dar entrada a Khusanov. El City recuperó el control y volvió a encontrar el camino gracias, cómo no, a O’Reilly. El joven canterano firmó su doblete con una definición de estrella, devolviendo la ventaja a unos Sky Blues que, sin embargo, no supieron cerrar el partido a tiempo.
Semenyo tuvo ocasiones para sentenciar, pero la imprecisión en los metros finales mantuvo al Newcastle con vida hasta el tiempo de descuento. Fue ahí donde emergió la figura de Gianluigi Donnarumma. En el último minuto, Harvey Barnes soltó un latigazo que ya se colaba, pero el portero italiano voló para firmar una parada de las que valen ligas.
La presión pasa a Londres
Con el pitido final, el alivio fue generalizado en Mánchester. El City duerme con los deberes hechos, agarrado a la bota de un O’Reilly que ya es una realidad y a la veteranía de un Bernardo Silva que terminó el partido multiplicándose en cada ayuda. El mensaje al Arsenal es claro: este City no solo tiene fútbol y estrellas consagradas, también tiene una cantera que gana partidos grandes.
