El equipo de Guardiola dominó a placer durante una hora, pero acabó cediendo un empate agónico ante un Chelsea que sobrevivió a todo. Un gol de Enzo Fernández en el 94′ deja la Premier al rojo vivo.
Hay empates que se sienten como derrotas y el de hoy en el Etihad es, sin duda, uno de ellos para el Manchester City. El conjunto de Pep Guardiola tuvo al Chelsea contra las cuerdas, lo dominó con esa suficiencia técnica que roza la arrogancia, pero se olvidó de que en la Premier los partidos no se cierran hasta que el árbitro pita el final.
Reijnders puso el fútbol; el City, la pasividad
La tarde empezó con el guion previsto. El City era un rodillo y el Chelsea, un equipo que parecía seguir aturdido por los cambios institucionales. Tijjani Reijnders, que se ha convertido en el nuevo termómetro de este equipo, decidió que el partido necesitaba un zarpazo. Antes del descanso, fabricó un gol de la nada: control, amago y un zurdazo que limpió las telarañas de la portería del Chelsea.
En ese momento, el Etihad era una fiesta. El City dormía a solo tres puntos del Arsenal y la sensación era de control absoluto. Pero tras el paso por vestuarios, los «sky blues» cometieron el pecado capital: se relajaron.
Un descuento de locura
El Chelsea, que hasta entonces solo se defendía como podía, empezó a estirarse. La entrada de Liam Delap le dio una agresividad al ataque que Badiashile y Enzo agradecieron. El City empezó a perder balones en zonas prohibidas y Donnarumma tuvo que aparecer para evitar el desastre antes de tiempo.

Sin embargo, el destino tenía guardado un giro de guion para el minuto 94. Tras un asedio desordenado pero valiente, el balón le quedó muerto a Enzo Fernández en el área pequeña. El argentino, en una jugada llena de rebotes y tensión, logró batir al portero italiano. El VAR le puso suspense a la tarde analizando la posición de Enzo, pero finalmente la tecnología validó la euforia de los visitantes.
Las claves del partido:
- La metamorfosis de Reijnders: El neerlandés ya no es solo un llegador; es el dueño del ritmo en el City. Su gol fue lo único rescatable de una delantera que hoy perdonó demasiado.
- El factor Delap: Su entrada cambió la cara al Chelsea. Dio la profundidad y el choque que los centrales del City no supieron gestionar en el tramo final.
- Falta de instinto asesino: El City tuvo ocasiones para el 2-0, pero prefirió contemporizar en lugar de sentenciar. El Arsenal sonríe desde Londres.
