Hoy el Real Madrid ha ganado al Elche en el Bernabéu con una versión que ha hecho que los madridistas se vayan a sus casas con un orgullo en el pecho como hacía tiempo no sentían. Era un partido que prometía ser trampa por estar en medio de la eliminatoria de Champions contra el Manchester City pero que Arbeloa supo aprovechar para ganarse al Bernabéu y al vestuario mientras se negaba a abandonar la lucha por la liga.
El partido quedó definido al descanso con el 2-0 de los locales pero el verdadero show empezó en el 60 con los cambios, en poco más de 5 minutos entraron 5 canteranos, Gonzalo García, Daniel Yáñez, Diego Aguado, Manuel Ángel y César Palacios, que se sumaban a un partido en el que ya estaban Dani Carvajal, Fran García y Thiago Pitarch, con Álvaro Arbeloa de entrenador para completar una demostración de poderío de La Fábrica. Y es que este caso va más allá de un entrenador confiando en unas promesas, esta generación de futbolistas fue la primera que dirigió Arbeloa cuando aterrizó en Valdebebas como entrenador del Infantil A, han crecido de la mano y su relación es casi paternofilial, han compartido muchísimo juntos, derrotas y victorias. Esta generación hizo triplete español en el Juvenil A en 2023.

Además de lo que aportan a nivel orgullo, los canteranos son la solución al problema del pasotismo que ha sufrido la plantilla blanca, las luchas de egos, la división del vestuario y el conformismo de algunos jugadores habían pasado factura sobre el césped, había un claro déficit de garra e ímpetu que los canteranos han devuelto. Todos se saben la teoría, saben que en el mejor club del mundo «nadie es indiscutible» y «juega el que mejor esté», pero nunca viene mal que lleguen unos canteranos y se dejen la vida de verdad para recordarles a las estrellas cómo se tiene que defender esa camiseta.

Todo esto sucede en un momento en el que el club dirigido por Florentino Pérez atraviesa una crisis social innegable, los socios cada vez están más insatisfechos con las decisiones tomadas por su junta directiva y sienten una falta de identidad completa con todo lo que rodea a la institución. Pero partidos como el de hoy con chavales que sienten el escudo como cualquier socio hacen que se recupere ese sentimiento de pertenencia hacia este equipo, el madridismo (como cualquier afición) valora mucho ganar con los suyos. Porque goles puede meter cualquiera pero sienta mucho mejor cuando los mete Gonzalo a cuando los mete Mastantuono.

Y todo esto no deja de ser un pequeño paréntesis en la temporada, un partido diferente, con sus necesidades y recursos especiales que difícilmente veremos repetirse, incluso existe la posibilidad de que alguno de estos jugadores no vuelva a pisar el césped del Bernabéu, pero la carga simbólica es enorme, la demostración de confianza de Arbeloa, la dosis de ilusión a la afición y el toque de atención a los jugadores ausentes es tan grande que hoy en el Madrid no ha hecho falta recordar el partidazo (un día más) de Thibaut Courtois para sacar buenas noticias.
