Los locales se vieron sobrepasados por la cantera cadista, que se mostró superior durante todo el encuentro.
Los blanquinegros han vuelto a desesperar a su afición. El encuentro ante el Mirandilla se mostraba como una batalla de vital importancia en las profundidades de la tabla clasificatoria. El Cádiz B visitaba el Ciudad de La Línea estando por debajo de la Balompédica Linense, y una derrota para ellos hubiera supuesto, prácticamente, el asumir el descenso, puesto que la distancia de puntos se habría vuelto insalvable. Para la Balona, el partido era la ocasión ideal para volver a salir, aunque fuera con el agua al cuello, a la superficie; y demostrar a la afición que paga por ver a un equipo que lucha por salvarse de una catástrofe sin precedentes. Los ‘chavales’ del Mirandilla manejaron mejor los nervios, y derrotaron con solvencia a una Balona desalmada.
Durante la primera media hora los locales hicieron el amago de ir a por el partido, de tocarla y de provocar, quizá, alguna ofensiva peligrosa. Sin embargo, con el pasar de los minutos demostraban que carecían de las ideas suficientes como para hacer temblar las piernas del joven portero cadista. El Mirandilla basaba sus ataques en desplazamientos largos hacia el número 7, Javirro, que no eran correctamente defendidos por la zaga. En un par de estos los de la Tacita de Plata tuvieron la oportunidad de dar la primera estocada, pero sin fortuna.
Una vez más, volvió a acontecer una fantasmagórica desaparición del mediocampo para los de Javi Moreno. El toque y los espacios entre líneas se esfumaron para dar lugar al balonazo largo; una situación que, por repetitiva, pone en evidencia la falta de química y estructura del equipo. El encargado de ‘pescarlos’ era Dani Villa, futbolista de discreta estatura que lo único que pudo efectuar en el partido fueron puntuales arrancadas poco amenazantes.
Entonces, el Mirandilla se dio cuenta de a lo que realmente se enfrentaba. El plan de juego conservador, diseñado para contrarrestar a un equipo con hambre, aliento y sobre el papel de mayor nivel quedó obsoleto. Jugar a verlas venir se volvió innecesario: la cantera observó en la Balona un juego sin pegada, frágil e inofensivo. Por ello, arrancaron a jugar con atrevimiento, con criterio y con desparpajo.
Los jugadores fueron a vestuarios estando el partido ya claramente en manos del Mirandilla. Los 15 minutos de avituallamiento parecían haber roto el ritmo de los de amarillo, pero no tardaron en retomarlo. Poco cambió en la Balona, que se atrincheró. Jack Harper entró al campo para sustituir a Joao Pedro. Una ‘estrella apagada’ salió del césped para dejar su lugar a otra estrella que no tardaría en apagarse. No funcionó, una vez más, en su papel de ‘hombre boya’.
Los de Cádiz tuvieron dos ocasiones claras que los locales sacaron bajo palos. El gol, que se les había negado en todo el partido, llegó de penalti: Luis Morales definió abajo a la derecha, con una precisión inabarcable para Álex Lázaro, al que sin duda no se le puede pedir atajar mas penaltis esta temporada.

La Balona, sin respuesta.
Con los blanquinegros ya noqueados llegaría el gol de Ismael Álvarez, futbolista que había tenido antes una ocasión frustrada en la línea de cal. Definió a la escuadra, en una segunda jugada fruto del peligro que el Mirandilla generaba a la Balona en contrataque, pues la Real Balompédica Linense estaba ya volcada en campo rival.
Tan pronto como terminó el partido los aficionados mostraron su disgusto, con una monumental pitada acompañada de indiscretos reproches a la directiva. Esta se reunió con inmediatez para asimilar lo ocurrido. A las afueras del estadio, los aficionados les esperaban para mostrarles su descontento, dando lugar a un percance que tuvo que ser apaciguado.
Javi Moreno tiene las horas contadas en la entidad, y desde la directiva ya se busca a un entrenador capaz del milagro.