La UB Conquense se hizo fuerte en casa y sumó tres puntos de oro ante el Melilla en La Fuensanta. Un solitario gol de Antonio Fernández, tras una jugada espectacular de Pablo Olivares, decidió un partido trabado y con pocas ocasiones. Los blanquinegros siguen avanzando hacia la permanencia con esta victoria tan sufrida como importante.
Un inicio con más agua que fútbol
El partido arrancó con un ritmo más lento que un lunes por la mañana. La lluvia, el respeto entre ambos equipos y los constantes parones hicieron que los primeros minutos fueran más de tanteo que de acción real. Nadie quería regalar nada y eso se notaba en el juego, con muchos balones largos y pocas ideas en ataque.
El Conquense, fiel a su estilo, fue metiéndose poco a poco en el partido. Chete estuvo a punto de cazar un buen balón dentro del área, y por parte del Melilla, un centro-chut envenenado fue lo más peligroso. Pero cuando el partido parecía más atascado que el tráfico en hora punta, Pablo Olivares decidió que ya era hora de darle algo de emoción a la tarde.
Un truco de magia y un golazo para romper el partido
Minuto 36. Olivares se saca un caño de locos en medio campo y, con un toque de calidad, filtra un pase que deja a Antonio Fernández con todo a favor. El ‘9’ del Conquense, con el babero puesto, se acomoda y mete un zurdazo seco que el portero toca, pero no puede detener. Golazo y estallido en La Fuensanta.
El Melilla intentó reaccionar, pero sin demasiada claridad. Los blanquinegros cerraban espacios y la defensa estaba bien plantada. Al descanso, el Conquense tenía el partido donde quería.
Sufrir hasta el pitido final
El segundo tiempo fue una prueba de resistencia. El Melilla salió con todo y tuvo una clarísima con un cabezazo a bocajarro de Bassele, pero Raúl Bernabéu, con reflejos de gato ninja, sacó una mano brutal para evitar el empate.
Mientras los visitantes lo intentaban a base de centros y tiros lejanos, el Conquense buscaba matar el partido a la contra. Antonio Fernández volvió a probar suerte, pero Loscos le negó el doblete, y Jairo Cárcaba peleaba cada balón como si fuera la última jugada de su vida.
Los últimos minutos fueron un sufrimiento total. Cada córner del Melilla era un mini-infarto y cada despeje, un respiro para los de Rober Gutiérrez. El árbitro añadió cuatro minutos que parecieron cuarenta, pero cuando el colegiado pitó el final, la explosión de alegría fue total.
Paso de gigante hacia la salvación
Con este triunfo, el Conquense suma 39 puntos y ve la permanencia mucho más cerca. Quedan jornadas por delante y el próximo reto es mayúsculo: visita al líder, el CD Guadalajara. Pero si algo ha demostrado este equipo es que no se rinde.
Foto: El Deporte Conquense
Iker Vicente