Nunca será tarde para hablar del recital que dio España la noche del 14 de julio en Dallas. Y 12 horas después del pitido final del cuestionado árbitro hondureño, puedo asegurar que vi y viví uno de los mejores partidos de mi vida de la selección.
Y como siempre, España venía no siendo la favorita para pasar a la final. Todos estaban con una Francia que siempre es favorita y es verdad, no lo podía ser menos: los franceses venían de ganar todos los partidos que habían jugado y además, con sobrada, no habían estado en ningún momento por debajo en el marcador. Por la parte vencedora del partido de anoche, los de Luis de la Fuente venían en una ascendente racha en cuanto a resultados y juego, que había mejorado gratamente después de una fase de grupos mala.
España cogió desde el primer momento las riendas del partido y dominó el partido con el balón. Una grata decisión del seleccionador que intentó evitar a toda costa un partido de ida y vuelta, donde los delanteros franceses ganarian la partida. Olise, Mbappé, Dembélé y Barcola metían miedo al diablo, pero un diablo llamado España les asustó antes a ellos. Durante la primera parte, Francia no se encontró bien en cuanto al juego de su selección. Se remitieron a buscar balones directos a Kylian Mbappé y a la espalda de la zaga española. Sin jugar nada con Michael Olise, el mejor jugador de Francia hasta el momento. Esta poca intervención del francés hizo que Deschamps lo pusiera en el extremo, también por la amarilla a Cucurella, el lateral del Real Madrid.
Un golpe de suerte y un Lamine Yamal muy listo provocó el penalti que le dio el primer gol a España de la noche, obra de Mikel Oyarzabal, que tiró el penalti con una seguridad aterradora. Durante esta primera parte, España no fue tan superior a Francia como en la segunda y vimos algunos brotes verdes de los de Deschamps, el trabajo de la defensa francesa y Rabiot en el medio campo, neutralizaron los ataques españoles en el primer tiempo.

Decimos que España neutralizó a Francia principalmente porque los de Luis de la Fuente hicieron una segunda parte espectacular, de 10. La salida de Adrien Rabiot del medio campo francés hizo que España tuviera el balón con muchísima seguridad y que tanto, Rodri, Fabián y Dani Olmo se empezaran a mover al son de la mejor selección del mundo. Rodri era la construcción y la destrucción: en la construcción era el primero en ayudar a la salida de balón que España ejecutó a la perfección. Fabián fue el jugador más estático pero para muchos fue el mejor: el del PSG llevó el timón de los ataques junto a Rodri y acompañó en muchas jugadas a Dani Olmo, que fue otro de los hombres del partido. Además de dar la asistencia al segundo gol de España, esta vez de Pedro Porro que dió una ventaja que se mantendría intacta hasta el final del encuentro, el catalán estuvo brillante con sus pases, sus movimientos y ese último pase que tanto le faltaba a España en partidos anteriores. El gol de Pedro fue la puntilla, fue la cerezita que aseguró a ‘la roja’ que estaría en la final de la Copa del Mundo. Eso sí, todavía quedaban 30 minutos y algo más para que llegáramos al final. Y ahí es donde todos fueron a una, todos se consagraron con el único objetivo: mantener el resultado y estar en la final del próximo domingo. Desde la defensa volvieron a dar un recital cuando, en pocas ocasiones, atacaba Francia. Cubarsí y Laporte volvieron a ser un muro infranqueable, Pedro Porro y Cucurella se volvieron a mostrar superiores que los extremos franceses. Y el centro del campo, estuvo brutal dando un baño a la selección francesa que iba detrás de un balón que no paraba de moverse de lado a otro.
España dió un baño de realidad a Francia donde demostró que era la mejor selección del mundo y demostró que con la plantilla y los jugadores no vas a ningún lado, sino que la fuerza y la unión es lo más importante para sacar a delante un partido de un Mundial.
Y sí, después de una larga espera de 16 años, España está en una final de una Copa del Mundo.
