Hay salidas que se entienden, pero dejan huella. La de Víctor Muñoz es una de ellas. Se entiende porque el fútbol actual es un escaparate constante y cuando un club europeo de el calibre del Liverpool llama a tu puerta, es muy difícil decir que no. Pero duele, duele porque Osasuna pierde a uno de esos futbolistas que conectan con la grada desde el primer día.
Víctor llegó a Pamplona procedente del Real Madrid Castilla como una apuesta de presente y futuro. En apenas una temporada se ha convertido en una de las grandes revelaciones de LaLiga gracias a su velocidad, su descaro y su capacidad para desequilibrar partidos. Esta temporada el catalán ha anotado seis goles en Liga y ha dejado la sensación de que está muy lejos de su techo.

Ahora pone rumbo a Inglaterra para empezar una nueva aventura y un nuevo reto como profesional. Ha firmado tras un traspaso de 40 millones de euros, la venta más grande de la historia de Osasuna. Sin embargo, el club blanco dejó firmado un acuerdo con Osasuna cuando Victor llegó al club, reservándose un 50% de la cantidad ganada en una posible futura venta.
Más allá de las cifras, se marcha un futbolista que devolvió a la afición la ilusión. Cada carrera por la banda, cada regate y cada gol hacían pensar que había en Pamplona un jugador diferencial. Y, de alguna manera, lo ha sido.
La operación deja un sabor agridulce. Por un lado, supone un ingreso histórico y demuestra que Osasuna es capaz de detectar talento, potenciarlo y colocarlo en la élite del fútbol europeo, como hizo con Abde o con Bryan Zaragoza. Por otro lado, obliga a despedirse demasiado pronto de un jugador que apenas había comenzado a escribir su historia en el Sadar.

El osasunismo siempre ha tenido una relación especial con los futbolistas que lo dan todo en el campo. Víctor Muñoz se va después de una sola temporada, pero deja huella. Porque hay jugadores que necesitan años para ganarse el cariño de la grada y otros que lo consiguen en unos pocos meses. Su manera de sentir, su entrega y su pasión cada fin de semana, han hecho que el joven catalán se gane a todo aficionado rojillo.

Gracias por tu entrega, por tu valentía y por hacer que El Sadar se levantara de sus asientos de nuevo.
Mucha suerte, Víctor. En Pamplona siempre tendrás una casa más
¡Te deseamos lo mejor!
