Este mediodía ha sido destituido Carlos Corberán junto a su staff técnico y Ron Gourlay, el CEO de fútbol del Valencia. Seguramente, ninguno de los destituidos han sido los culpables de la situación del Valencia. El equipo ché está en el último puesto de la clasificación sin haber ganado todavía y dando imágenes de un equipo que no parece estar al nivel de la primera división del fútbol español. Ante esto, se marca un punto de inflexión: la destitución de Marcelino García Toral en la temporada 19/20 después de haber clasificado al conjunto valenciano a la Champions League y haber ganado en vísperas la Copa del Rey. Están siendo tiempos de total inestabilidad en Valencia sabiendo que el club ché está teniendo que vender sus activos más importantes para poder construir el Nuevo Mestalla, un proyecto vigente desde hace casi 20 años. En 12 años han habido 13 entrenadores distintos sin contar las ayudas (6) de Voro que proporcionó al primer equipo como entrenador interino. Todo dirigido por el propietario del club, Peter Lim, el cual pone por delante sus intereses personales a los del club. Un equipo histórico que no juega Europa desde hace 6 años y donde lleva años merodeando con el descenso sufriendo una total decadencia de su situación deportiva. La situación institucional tampoco mejora, la afición lleva años dividida con la gestión del propietario singapurense.

Pero en cuanto a lo deportivo, desde la llegada de Corberán parece que todo se enderezó en cuanto a los resultados se refiere. En los despachos se seguían vendiendo jugadores con gran potencial y buen rendimiento en la liga, a precios ridículos que hacían no poder mejorar la plantilla valencianista tal como todos querrían. En 2025, Corberán salvó al Valencia de un descenso que parecía más encaminado que nunca. Hubo bajas, pero los fichajes que se trajeron mejoraron a corto plazo una plantilla más equilibrada que nunca y el Valencia estuvo a solo 2 puntos de clasificarse a competición europea. Eso sí, el Valencia pasó más tiempo en puestos de descenso y cerca de ellos, que a mitad de tabla. No había una confianza al 100% con el entrenador y los medios dictaminaron una ruptura entre vestuario y entrenador. Eso sí, la confianza la depositó Ron Gourlay que renovó este mismo verano al entrenador valenciano, y le dio un crédito de 2 temporadas. La primera de ellas no ha dado para más: el Valencia no ha podido hacer mucho uso y disfrute de sus jugadores más importantes de la temporada pasada. Los partidos han demostrado unas actitudes complicadas de defender que se han traducido en un juego desmejorado y pobre. El técnico ha tenido que cambiar un juego vertical y arriesgado con uno básico adaptado a la situación de la plantilla. Una primera parte penosa en Riazor, una goleada en Mestalla contra el FC Barcelona y una derrota por la mínima contra el Sevilla ha supuesto un punto de inflexión en la directiva que dudaba claramente de su técnico. Y después de casi 40 horas de la derrota, Peter Lim ha destituido a Carlos Corberán.
Seguramente no ha sido el culpable directo de la situación fatídica que atraviesa el Valencia, sin embargo, el fútbol nos vuelve a demostrar que sacar al entrenador es más fácil que echar a un equipo entero que no ha estado a la altura de uno de los clubes más importantes de la historia del fútbol español. De cara a esta temporada en Valencia permanece un objetivo claro: salvarse en una liga donde no parecen haber 3 equipos peores a estas alturas. De esta manera cerrar la etapa Mestalla y abrirla, si es posible, con nuevas caras en los despachos.
