La vuelta a Vallecas parecía una buena noticia para todos los aficionados, jugadores y sobre todo para la junta directiva, que lleva en el punto de mira muchos años y que se tuvo que dar con todos los ornamentos de la Comunidad de Madrid para poder disputar partidos en su campo, que no disfruta de su mejor estado. Hasta ahora, los 3 partidos caseros, en el Estadio Municipal de Butarque, donde ya tuvo que jugar el curso pasado por la misma razón, el conjunto franjirrojo había conseguido 7 puntos de 9. Pero eso no era lo más importante en el Rayo. Desde hace unos años, la gestión de Raúl Martín Presa es criticada a viento y marea por los ‘bukaneros’, la grada de animación rayista que ya ha tenido algunos encuentros no muy fructíferos con el propietario y presidente. La situación económica no pasa por sus mejores momentos, pero la cuestión del estadio supera la última y ha hecho explotar a cualquier aficionado del Rayo. Las instalaciones son deplorables para un equipo que milita en la Primera División del fútbol español, y el campo no hace ver sus mejores condiciones para disputar partidos y para garantizar la salud de los jugadores.
Todo y con esa incomodidad vivida año tras año, el primer equipo ha conseguido hacer sus mejores años en el fútbol español, clasificándose a Europa mediante competición liguera y, al año siguiente, disputar la primera final europea de su historia. Esto ocasionó, de alguna manera, tapar todos los agujeros que había en el club.
Por parte del presidente, la afición critica su pasividad en cuestiones a las que no se les da la importancia necesaria como la tienen. Hasta el capitán durante los últimos años, Óscar Trejo hizo saber su descontento ante la gestión del presidente y la petición de su dimisión. Ayer, en la jornada 8 de LaLiga, el fútbol y el espectáculo no se vieron reflejados en el estadio de Vallecas, cuales aficionados propusieron una rebelión contra la junta directiva. La pitada en el minuto 1 y en el 13 con el lanzamiento de los aviones que repartieron a los aficionados rayistas provocó que el árbitro José María Sánchez parara hasta en tres ocasiones el encuentro y, en esa última, mandar a los jugadores al vestuario de manera definitiva. Esto, derivó en la consecuencia de suspender el partido y aplazarlo hasta un próximo aviso. Las caras del rival definían una total incredulidad ante un hecho que no se suele ver en los campos de España. La cara de Edin Terzic, entrenador alemán, parecía que no se lo creía. Los jugadores del Rayo Vallecano intentaron poner paz en la afición, sobre todo Álvaro Garcia, que llevaba la voz cantante. Pero ya parecía que no había marcha atrás en una decisión que ya había empezado a tomarse tras un sinfín de sucesos que no dejaban contento a nadie.
Una situación insostenible y que ha llevado a toda una afición a declarar una moción de censura en medio de un partido para todos esperado. Para los jugadores, que podían volver a jugar en su estadio, para la junta directiva, después de luchar contra la Comunidad de Madrid y para los ‘bukaneros’ que dijeron basta y seguramente hicieron saber ‘a los de arriba’ que la situación es insoportable.

